Mis amigos, Núria, Lluís y Meius me han convencido para que presente mi obra escultórica en este fantástico CD, una de las maravillas técnicas de nuestros días, que da la posibilidad de tener a su alcance, a cualquiera que lo desee, cuarenta años de mi trabajo.
Así pues, empecemos: hoy, como otros muchos días, me he despertado con la cabeza en ebullición, ideas que a primera vista encuentro geniales, pero soy gato viejo y sé que a lo largo del día se diluirán. Algunas no serán factibles, otras me parecerán infantiles y el resto puede que no perduren hasta el día siguiente para poder analizarlas con más rigor.
Doy de comer a mis perros, que se pelean para subir al coche y pongo orden repartiendo unos cuantos palos (debo hacer patente mi talante pacifista…) Cuando estén tranquilos, recorreremos un trayecto de seis kilómetros para ir a trabajar al bosque de Can Ginebreda.
Según el día, puliré esculturas, empezaré a esculpir una nueva, iré a segar la hierba, arreglaré algún camino o charlaré con el primer visitante que llegue.
Por suerte, los visitantes del Bosque son muy distintos: personas mayores, jóvenes de derechas y catalanistas, de izquierdas y españolistas, amantes de la escultura, o simplemente, curiosos.
Llegan también muchos extranjeros. Puedo afirmar que tengo más visitantes en el Bosque que en una exposición que realicé en el Paseo de Gracia, en una galería de arte saturada de publicidad. De forma irónica, podríamos decir que tiene más visitantes el bosque de Can Ginebreda que muchos museos subvencionados.
Mi oferta perdura y creo que ha valido la pena ser testarudo y o desfallecer en los momentos difíciles.
Al principio, no tenía ninguna referencia de cómo poner en práctica mis ideas: quería que mis esculturas estuvieran en un bosque y que la gente fuera a verlas. Más adelante, visité las obras de Bomarzo en Italia y Krole Müller en Holanda y ya tuve mucho más claro qué debía hacer.
En la actualidad, hay en Europa unos 150 bosques o espacios al aire libre en los que se exhiben esculturas. Estoy convencido de que, por orden de antigüedad, Can Ginebreda es el tercer bosque de Europa, repito, bosque, no parque urbano.
Con el paso del tiempo, he llegado a pensar que Can Ginebreda es como un gran libro, cada escultura una página y cada colección un capítulo al servicio del visitante, que puede ir leyendo mientras pasea. Este volumen contiene mis reflexiones sobre el ejercicio de vivir: vivencias y enigmas sin resolver que han dejado su huella en mi cerebro. Por eso creo que mis inquietudes son universales, y por tanto, dignas de discusión: la vida, la muerte, la erótica, el caos y la geometría, son algunos de los surcos que he labrado con mi trabajo.
En Can Ginebreda hay diferentes bloques de esculturas (con tantos años de trabajo, es inevitable cambiar de registro de vez en cuando) De forma orientativa, mencionaré dos bloques: el primero, las esculturas que explican una historia y que, por tanto, podríamos denominar “literarias”. Se podría explicar lo mismo escribiendo un folio o mediante una representación teatral: la “Mujer maceta”, “Testimonio gay”, la “Mujer canguro” y otras.
En el segundo bloque tenemos las esculturas que explican sensaciones, despojadas de cualquier anécdota, difíciles de describir oralmente. Las esculturas que siempre he creído que son las auténticas, la síntesis adecuada a nuestros días. Son aquellas que los arquitectos monumentales han robado a los pequeños talleres de escultura, como punto de partida para construir esas moles inmensas que se han convertido en símbolo de todas las ciudades del mundo y que son un exponente de lo que puede llegar a hacerse cuando se unen el gran capital, la fantasía y los avances técnicos. En este bloque tenemos: “Muerte y desfiguración de la geometría”, Búnkeres”, “Construcciones dentro de un bloque” y otras.
Hablar de este bosque me provoca una gran satisfacción ¡qué os voy a decir! Yo lo he construido y él me ha construido a mí. Ha sido el almacén donde he guardado mi cerebro y sus muebles.
Montse y yo hemos hecho una guardia permanente para recibir a hombres y mujeres de buena voluntad, que todavía creen que un mundo mejor es posible, antes de que nuestro sistema reviente y no quede nada de él.